San Roque: la historia y el alma de una fiesta que define a Capitán Bermúdez

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El historiador Pablo Sapei rescata los orígenes de la festividad patronal nacida en 1936. Desde el peculiar origen de su nombre hasta las kermeses que marcaron a generaciones, la celebración de Villa Cassini se mantiene como un baluarte de la identidad popular en el Cordón Industrial.
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La ciudad de Capitán Bermúdez celebra este domingo a su santo patrono, San Roque, en una festividad que trasciende lo religioso para consolidarse como la fiesta popular más emblemática de la región. El historiador local Pablo Sapei reconstruyó la trayectoria de este evento, destacando que su carácter distintivo reside en haber mantenido, a lo largo de 90 años, la esencia de la «fiesta de pueblo» que combina la devoción espiritual con el encuentro social.
Un nombre con historia: de Roque Cassini a San Roque
El origen del patronazgo está íntimamente ligado al desarrollo urbano de la zona. Según relata Sapei, lo que hoy conocemos como barrio Villa Cassini era originalmente parte de la estancia de la familia Argúmedo. A finales de la década de 1920, las tierras fueron adquiridas por Roque Cassini, un comerciante rosarino que proyectó el loteo con una visión ambiciosa: crear un nuevo pueblo.
Inspirado en la planimetría de la ciudad de La Plata, Cassini diseñó una estructura rectangular atravesada por diagonales que desembocaban en una plaza redonda. Fue él quien donó los terrenos frente a dicha plaza para la construcción de la parroquia y, en honor a su propio nombre, impulsó que el santo patrono fuera San Roque. La primera fiesta oficial se realizó en 1936, coincidiendo con la inauguración de la capilla.
La evolución de la celebración: misas, bailes y «solteros contra casados»
En sus primeras décadas, la festividad se extendía durante varios días. El sábado previo al «Día Santo», la actividad se centraba en un salón de eventos ubicado en la intersección de Simón Bolívar y la Avenida San Lorenzo (donde funcionaba un bar con pista). Allí se realizaban bailes con orquestas típicas y proyecciones de cine.
La tradición incluía también eventos deportivos pintorescos, como los recordados desafíos de fútbol de «solteros contra casados». El domingo, tras la misa principal de las 10 de la mañana, los fieles se agolpaban en el atrio para buscar el «pancito de San Roque», a menudo acompañados por el sonido de los gaiteros que viajaban desde Rosario para amenizar la salida del templo.
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La mística de la kermés y la quema del «diablito»
El gran diferencial de San Roque ha sido siempre su kermés. Pablo Sapei recuerda juegos tradicionales como el palo enjabonado, la carrera de embolsados, el juego del huevo con cuchara y el todavía vigente sorteo de la «Vidriera Encantada» y la tómbola.
Uno de los momentos más esperados era el cierre con fuegos artificiales y la quema de una figura conocida como «el diablito». Debido al crecimiento urbano y por razones de seguridad, este espectáculo tuvo que trasladarse con los años: desde las inmediaciones de la rotonda Cayetano Errico hacia campos cercanos y, finalmente, al patio de la escuela parroquial, ya que las antiguas zonas de lanzamiento se transformaron en áreas residenciales edificadas.
San Roque: la historia y el alma de una fiesta que define a Capitán Bermúdez
Una tradición que resiste
Para Sapei, el desafío actual es sostener esta tradición frente a los cambios de época. Mientras que los eventos modernos suelen enfocarse en escenarios y ferias de emprendedores, la fiesta de San Roque integra la novena, lo espiritual, lo comercial y lo popular en un movimiento que moviliza a todo el barrio. Es, según el historiador, una de las pocas celebraciones en el Cordón Industrial que ha logrado preservar su mística original a través del tiempo, reafirmando cada 16 de agosto las raíces de Capitán Bermúdez.
Imágenes  gentileza de Pablo Sapei