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El reconocido abogado penalista analizó el impacto técnico de la nueva ley para jóvenes de entre 14 y 16 años. Alertó sobre el avance del narcomenudeo en el cordón industrial y la necesidad urgente de contención familiar y tecnológica.

El debate sobre la seguridad y los límites de la minoridad sumó un análisis técnico y humano clave en la región. En declaraciones en Radio Mix , el abogado penalista Leandro Demichelli desglosó los alcances de la nueva normativa que establece la punibilidad para los jóvenes de entre 14 y 16 años, marcando una clara diferencia técnica en la aplicación de las penas respecto a los adultos. Para el delito de homicidio (que en el artículo 79 del Código Penal contempla de 8 a 25 años de prisión), la nueva escala fija un máximo de 15 años de prisión para los menores de edad.
«Delito de adulto no significa pena de adulto», aclaró el letrado, detallando que para delitos menores como hurtos o robos la normativa permite trabajar con alternativas como tareas comunitarias, capacitaciones de oficio y un fuerte seguimiento psicológico. Si bien definió como un aspecto positivo el hecho de contar con una ventaja punitoria que antes no existía para crímenes graves, advirtió que el trasfondo del problema es social: «El temor a la pena no debería ser el motor; no se debe delinquir porque simplemente no corresponde hacerlo».
El riesgo del reclutamiento y el avance regional
El especialista alertó sobre una posible consecuencia negativa en el entramado delictivo: el reclutamiento de chicos aún más jóvenes por parte de las organizaciones criminales. «Las bandas van a empezar a operar con chicos de 13 años porque saben que ellos siguen siendo inimputables. Corremos el riesgo de vivir un ‘gatopardismo’: cambiar algo para que en realidad no cambie nada, terminando por bajar la edad de los pibes que delinquen», sentenció.
Como contrapartida, Demichelli subrayó la importancia de aplicar con severidad los agravantes previstos para los adultos que utilizan a menores, cuyas penas pueden incrementarse notablemente al ser considerados autores intelectuales o instigadores, llegando a condenas de 12 o 13 años en casos de homicidio o partiendo de los 5 años en robos calificados.
Esta situación se vuelve especialmente crítica en la región ante el notable desplazamiento del microtráfico de estupefacientes desde Rosario hacia el cordón industrial, expandiéndose fuertemente en las barriadas bajo la modalidad de «soldaditos». Cabe destacar que el narcomenudeo recae actualmente bajo la órbita de los fiscales provinciales.
Acompañamiento afectivo y el peligro en las redes sociales
En el tramo más reflexivo de su intervención, el Dr. Demichelli enfatizó que las soluciones materiales o los castigos no bastan si no se trabaja en la reinserción social desde la afectividad. «La oportunidad de reinsertarse en la sociedad tiene que ser con la familia, con el cariño y con el amor. El amor también cuenta; no pasa solamente por solucionarle a un chico las cosas materiales, sino por brindarle mucho apoyo», manifestó con firmeza.
En ese sentido, el penalista lanzó una fuerte advertencia a los padres y tutores sobre el uso de la tecnología y la informática, describiéndola como una vía de acceso sumamente peligrosa si no se supervisa de cerca. «Hay que estar conectados siempre en dónde se meten y con quién chatean los menores en las redes sociales. Hoy la informática está muy pervertida y hay gente mala que utiliza las redes para captar chicos para cualquier tipo de delito: desde pornografía infantil hasta la venta de drogas», alertó.
«Los menores son púberes. El discernimiento, la intención y la libertad todavía carecen de aprendizaje. Si a veces los adultos nos equivocamos a pesar de nuestra experiencia, imagínense un chico que todavía no ha vivido», concluyó Demichelli, proponiendo un trabajo articulado entre intendentes y vecinales en el territorio para evaluar de manera empírica la eficacia de la ley de aquí a septiembre de 2027.
