Camila Canut: La campeona panamericana de MMA camino a España

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El viernes  Camila Canut se sube al avión rumbo a una nueva Copa del Mundo en España, en busca de una nueva victoria,  pero las medallas decoran las vitrinas, mientras que son las vivencias las que verdaderamente quedan grabadas en la memoria.
Camila Canut: La campeona panamericana de MMA camino a España
Las artes marciales mixtas (MMA) en Argentina están viviendo una era dorada, y gran parte de esa responsabilidad recae sobre Camila Canut.
En la  MIX, no solo repasó sus coronaciones internacionales, sino que desmitificó el sacrificio oculto detrás de cada medalla y nos regaló los recuerdos sobre el nacimiento del amor deportivo .
Con una transición impecable que comenzó desde muy chica en el Taekwondo a los 7 u 8 años, pasando por el Kickboxing a los 15, Camila se adentró de lleno en las MMA. Su ascenso fue meteórico: tras competir en el Mundial de Brasil, se transformó en la primera mujer argentina en ganar un campeonato mundial en la organización GAMMA, y recientemente sumó una nueva medalla en otra modalidad.
Sin embargo, para la deportista, el metal es solo una consecuencia. «A veces las medallas no representan todo el trabajo; para mí simboliza mucho las experiencias, mis vivencias que quedan en mi memoria y que solo puedo compartir con palabras», reflexionó en los estudios de la radio.
El mito del viaje y el doble esfuerzo amateur
En diálogo exclusivo, Canut fue tajante al marcar la profunda diferencia que existe entre la preparación de un deportista amateur y el circuito profesional, derribando la creencia de que los viajes internacionales son por mero placer.
«Uno cuando es amateur tiene un doble trabajo, un doble esfuerzo. Por ahí nos ven que viajamos, que estamos todo el tiempo compitiendo y piensan que es fácil, que viajamos porque es divertido. Y no, es un trabajo muy grande entrenar y juntar el dinero. Para los deportistas amateurs que viajamos por todo el mundo es con mucho esfuerzo, sacrificio, trabajo y pasión».

La atleta remarcó que las travesías se realizan con los recursos al límite: «Tratamos de hacer el viaje lo más barato posible. Si pudiéramos, vamos a la hora que empieza el torneo y nos volvemos cuando termina. Vamos con los tiempos y el dinero bastante contados». Esta realidad golpea con más fuerza a las disciplinas que no forman parte del circuito olímpico, lo que restringe el apoyo institucional continuo del Estado. «No hay dinero para el deporte. Por ahí municipios o departamentos te ayudan un poquito si tenés llegada, pero la parte económica cuesta. Nosotros trabajamos mucho y en serio para hacer posible lo que queremos que pase», aseguró.
Entrenamiento de elite y el rol de formadora
A pesar de las barreras financieras, el compromiso de Camila y su equipo se mantiene en el plano profesional. Su rutina incluye entrenamientos diarios de doble turno, respaldados por un cuerpo multidisciplinario de nutricionistas, psicólogos, kinesiólogos y médicos. Ese nivel de exigencia se traslada también a su hogar en Capitán Bermúdez, donde el sostén familiar es clave. «En casa estamos todos a dieta; mi mamá me banca comiendo bien todos los días, me acompaña y me ayuda», agradeció con una sonrisa.
Hoy, el rol de Camila se duplica. Como profesora, carga con la responsabilidad de guiar a las nuevas generaciones. Próximamente viajará a España acompañando a dos de sus alumnos adolescentes (de 15 y 17 años) que clasificaron al Mundial. «Ellos necesitan el apoyo de los padres y de las instituciones, porque a esa edad no tenés 3.000 dólares para irte afuera a representar a tu bandera. No van a pasear, van a competir», enfatizó.
El futuro en la mira: el salto al profesionalismo
Con la mente dividida entre el compromiso en España y el próximo Campeonato Mundial en Europa programado para diciembre, Canut reconoció que el 2026 está siendo un año «durísimo para el bolsillo», pero dejó un mensaje de aliento para quienes buscan dedicarse al alto rendimiento: «Invertir en una pasión es lo mejor que podés hacer, el dinero en algún momento vuelve. Hace 15 o 17 años que compito internacionalmente y se puede».
El viaje al pasado
Al mirar hacia atrás y evaluar el extenso camino recorrido, la bermudense conectó con sus raíces más profundas y recordó de manera nítida su primer contacto con la disciplina: «Me quedo con mi primera clase de taekwondo, cuando iba con una calza de Mickey, siendo una nena que no sabía lo que iba a pasar».
Aquel inicio estuvo marcado por la insistencia y el tierno apoyo de su padre. Camila al salir del  colegio y  solía quedarse fascinada mirando las clases de taekwondo a través de una ventana, un espacio que inicialmente le era esquivo por los prejuicios de la época que catalogaban la actividad como «un deporte de varones». «Mi viejo me sentaba en la ventana y me dejaba ahí toda la hora mirando, hasta que un día le pedí que quería ir. Cuando me anoté en la clase me la sabía completa; estuve como tres o cuatro meses sentada en la ventana memorizándola», rememoró con emoción. Al ser consultada sobre si alteraría alguna decisión de su pasado, su postura fue tajante: «Estoy feliz con todo el camino recorrido y no cambiaría nada, porque si cambio algo se modifica lo que soy hoy».