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Hay historias que comienzan de forma sencilla pero que, con el tiempo, se convierten en una verdadera llamarada de amor.

Hace diez años, Erica Masssot recorría las calles de Ibarlucea en bicicleta, repartiendo invitaciones fotocopiadas para un sueño que recién nacía. Buscaba a esos chicos y familias que estaban allí, pero que necesitaban un lugar donde el juego y la amistad fueran el único lenguaje. Aquel primer sábado de mayo de 2016, solo cuatro chicos se acercaron a la inauguración.
Hoy, esa pequeña chispa se transformó en el Club Fueguitos, una comunidad de 91 alumnos que este sábado celebra su primera década de vida.
«Vivir es más lindo ahora que nos tenemos en la vida de cada uno», dice Erica con la emoción erizando la piel, y esa frase resume la esencia de un espacio que logró algo revolucionario: cambiar la identidad. Ya no se trata de hablar de «discapacidad», sino de ser «Fueguitos», de sentirse parte de una familia donde las madres se nombran con orgullo como «Mamás Fuegueras» y las abuelas como «Abuelas Fuegueras».
El crecimiento en estos diez años ha sido asombroso. Lo que empezó en una bicicleta hoy cuenta con un transporte propio, un edificio acondicionado (que ya quedó chico de tanto amor y gente) y una agenda llena de actividades: desde torneos deportivosl, hasta la participación activa en las colonias de vacaciones y las fiestas del pueblo.
Fueguitos no es un lugar donde los chicos van «un rato»; es el espacio donde el juego se instaló como lo más importante de la vida y donde los amigos son el motor para seguir adelante.
Pero este aniversario no es solo una fiesta; es también un acto de resistencia y visibilización. En un contexto nacional donde los derechos de las personas con discapacidad se ven amenazados y muchas veces se los trata como un «gasto», Ybarlucea responde con una gala de alegría. Con el apoyo de la Comuna y de toda una comunidad que los abraza, el club demuestra que la dignidad no es negociable y que la felicidad es un derecho que se construye todos los días.
Este sábado, el Club Fueguitos se viste de gala. Habrá sorpresas, habrá emoción y, sobre todo, habrá ese calor humano que solo ellos saben dar. Porque después de diez años, queda claro que estos «Fueguitos» no solo iluminan a sus familias, sino que mantienen encendido el espíritu solidario de todo el pueblo.
