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Tras su regreso de la misión internacional en el sismo de Venezuela, el brigadista santafesino reveló su perfil profesional: es bombero voluntario en su pueblo y zapador de la policía en Rosario. «Hay que tener vocación, si no, no se puede lidiar con estas tragedias», afirmó.

Para la comunidad de Serodino, el regreso de la brigada internacional que colaboró en el sismo de Venezuela no fue un hecho más. Edgardo Spíndola , el jefe del Cuerpo de Bomberos Voluntarios local, fue recibido con caravanas, autobombas y el sincero agradecimiento de un pueblo que contuvo el aliento durante los siete días que duró su despliegue en La Guaira. Sin embargo, detrás de la emoción del reencuentro se esconde la historia de un profesional cuya vida entera, las 24 horas del día, está abocada al rescate y la gestión de emergencias.
Edgardo lleva 16 años de trayectoria como bombero voluntario. Su camino comenzó en el cuartel de Oliveros cuando residía en la localidad de Andino. En 2015, se sumó como instructor para formar a la primera camada del naciente cuartel de Serodino. Hoy acumula 11 años en esa institución —de la cual es el jefe operativo desde hace tres— y una década como vecino definitivo del pueblo.
Pero el servicio de Edgardo no termina cuando se saca el uniforme de voluntario. Su medio de vida es exactamente el mismo: se desempeña como bombero zapador de la Policía de la Provincia de Santa Fe. Actualmente ejerce como subjefe del Cuartel Sur en Rosario, luego de haber sido subjefe de la Alcaidía y la Agrupación en San Lorenzo. Además, es integrante e instructor del prestigioso Grupo Especial de Rescate Zapadores (GERZ).
Las dos caras del rescate: profesionalismo y voluntariado
Esta doble condición le permitió abordar las mayores tragedias civiles de la región desde distintos roles técnicos. En los derrumbes de la calle Salta y de la calle Superí en Rosario, Edgardo intervino como miembro del GERZ de los zapadores policiales. En cambio, para los colapsos edilicios de Villa Gesell y para esta última misión en el terremoto de Venezuela, se desplegó bajo su acreditación como rescatista USAR de los Bomberos Voluntarios.
«Tanto dentro de los voluntarios como en la policía y los zapadores, esto es una vocación de servicio. Si no la tenés, no podés lidiar con este tipo de situaciones cotidianas como incendios o accidentes, y mucho menos con tragedias internacionales», explicó.
El agradecimiento y el miedo invisible
Al reflexionar sobre los duros siete días de trabajo ininterrumpido en el epicentro del sismo en Venezuela, Edgardo destacó que el mayor logro de los 40 brigadistas santafesinos fue el consuelo humano brindado a la población afectada. «Lo que nos quedó grabado a todos es que las familias estaban muy agradecidas por el solo hecho de que estemos ahí ayudando, se recuperaran o no los cuerpos, con vida o sin vida. Nos traemos ese agradecimiento».
El brigadista también confesó la desconexión que suele existir entre el rescatista focalizado en su tarea y el entorno familiar que espera en Argentina. «Nosotros desde adentro veíamos una sola cosa: viajar, hacer lo que nos gusta y para lo que estamos preparados, que es ayudar. Pero la gente de afuera veía el riesgo real que conllevaba trabajar en esos sectores colapsados. Al regresar entendimos el miedo que tenían nuestros seres queridos», concluyó el jefe de bomberos, quien ya se reincorporó a sus tareas habituales para seguir cuidando a la región.
