La crisis de las residencias médicas en Santa Fe

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El examen unificado provincial alcanzó un récord de 1.753 aspirantes, con una fuerte concentración de 1.011 postulantes en la sede de Rosario. Sin embargo, áreas clave como Neonatología y Terapia Intensiva no logran cubrir sus cupos.

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El examen de ingreso a las residencias médicas en Santa Fe solía ser una jornada predecible. Un solo día, una misma hora en todo el país, y una sola prueba que abría las puertas a los hospitales de cualquier provincia. Sin embargo, el panorama cambió drásticamente. En la última convocatoria, el sistema santafesino registró un récord histórico con 1.753 profesionales de la salud movilizados en simultáneo. La mayor concentración se vivió en el sur provincial, donde 1.011 aspirantes se presentaron a rendir en la sede de Rosario, mientras que los 742 restantes hicieron lo propio en la capital santafesina.
Este sistema se volvió más complejo desde que se disolvió la organización unificada a nivel nacional. Ahora, cada provincia debe diseñar y fechar sus propios exámenes. Lejos de desalentar la movilidad, esto provocó una procesión de jóvenes profesionales que viajan de una jurisdicción a otra para multiplicar sus chances. En la colmada sede rosarina coincidieron médicos locales con aspirantes de Buenos Aires, Entre Ríos, Misiones, San Juan y hasta de Santa Cruz. Para ellos, el examen —coordinado por las facultades de Rosario y Santa Fe, el Ministerio de Salud y los colegios profesionales— no fue una instancia de aprobación, sino una feroz competencia por el orden de mérito.
Pero detrás de las imponentes cifras de participación se esconde una realidad preocupante. Mientras disciplinas como Anestesia desbordan de solicitudes (157 aspirantes para apenas 17 cargos), o Cirugía y Cardiología mantienen su histórico atractivo, las especialidades que sostienen la primera línea de los cuidados críticos quedaron desiertas.
El caso más dramático es el de Neonatología. De los 26 cargos disponibles en toda la provincia, solo se presentaron dos postulantes. La advertencia es unánime: la persistencia de esta tendencia durante varios años consecutivos dejará a la región sin neonatólogos en el corto plazo. El mismo vacío se replicó en Terapia Intensiva Pediátrica, Terapia Intensiva de Adultos y en la medicina general y de familia.
Este fenómeno no es exclusivo de la región; se replica a nivel global. Los médicos jóvenes de hoy priorizan su calidad de vida y rechazan el desgaste crónico de las guardias eternas. Si van a resignar sus horas de descanso, exigen que al menos sea en especialidades mejor remuneradas o que permitan prácticas privadas más rentables. Pediatría todavía logra cubrir sus vacantes iniciales, pero el problema surge poco después: los profesionales migran rápidamente hacia la ultraespecialización, provocando una escasez aguda de pediatras generales, sobre todo en el interior de la provincia.
Para los aspirantes que rindieron el examen escrito —que incluyó también a bioquímicos, enfermeros, psicólogos y terapeutas ocupacionales—, la nota de la prueba será el factor definitorio. A ese puntaje se le sumará el promedio de la carrera (con los aplazos incluidos) y los antecedentes académicos. Los que queden afuera de la lista definitiva tendrán dos opciones: volver a intentarlo el año próximo o esperar que el orden de mérito corra ante alguna baja. Esta última opción es cada vez más frecuente debido a un indicador estructural alarmante: solo el año pasado, 172 médicos de la región abandonaron el país para radicarse en el exterior.