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Hay pasos que no se miden en kilómetros, sino en oraciones.

Este domingo , la región fue testigo de una nueva demostración de devoción popular con la realización de la 49° Peregrinación a Pie Rosario – San Lorenzo. Bajo el emotivo lema “Unidos bajo tu manto”, más de 10 mil personas desafiaron el cansancio físico para encontrarse con una fuerza superior: una fe inquebrantable que transforma el asfalto en un camino sagrado.
Para comprender la magnitud de lo vivido , hace falta mirar más allá de las cifras de asistencia. Hay que detenerse en los rostros de los peregrinos que partieron a las 7 de la mañana desde la Catedral de Rosario. En una época marcada por el individualismo y la prisa cotidiana, ver a miles de jóvenes, abuelos y familias enteras caminar a la par representa un verdadero milagro social.
La peregrinación, organizada por la Pastoral de Juventud del Arzobispado de Rosario, no es una simple marcha de resistencia. Es el reflejo de un pueblo que se pone en movimiento porque necesita agradecer, pedir o, simplemente, sentir la protección de la Virgen del Rosario. A lo largo de los más de 30 kilómetros de recorrido por la Ruta Nacional 11, cada parada se convirtió en un oasis de solidaridad.
En lugares clave como el Hogar Escuela de Granadero Baigorria, los servidores no solo ofrecían agua y alimento, sino también palabras de aliento para los pies cansados.
El Campo de la Gloria: un altar de emociones

El ingreso a San Lorenzo estuvo impregnado de una atmósfera mística. El sonar de las sirenas de los Bomberos Voluntarios anunció la llegada de la imagen de la Virgen, desatando lágrimas, aplausos y pañuelos blancos que se agitaban al viento. El histórico Campo de la Gloria, habitualmente ligado a las gestas patrias de San Martín, mutó en un imponente templo a cielo abierto.
Allí, el arzobispo Eduardo Eliseo Martín presidió la misa central junto al intendente local, Leonardo Raimundo. Durante la celebración religiosa se puso un acento especial en las vocaciones, en el cuidado mutuo y en la esperanza como un faro necesario para la vida cotidiana de las comunidades.
Las autoridades reportaron un evento desarrollado con total normalidad, tranquilidad y orden. Sin embargo, el verdadero éxito de la jornada no se mide en el operativo de seguridad, sino en el silencio compartido de miles de almas rezando juntas en el pasto, aliviando el dolor del trayecto en la certeza de saberse escuchadas.
La peregrinación terminó, pero la renovación espiritual recién empieza para cada fiel que regresó a su hogar con el alma llena y la fe fortalecida.
