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Diego Frisco y Víctor Hugo Quaranta se reencontraron frente a los micrófonos de Radio Mix.

En una charla que borró las distancias del tiempo, los experimentados comunicadores hilvanaron recuerdos de sus comienzos, defendieron la magia indestructible de la radio y desempolvaron secretos del pasado urbano local.
El reencuentro frente al micrófono no fue una entrevista estructurada, sino un puente tendido hacia el pasado y el futuro de la comunicación en la región. Sentados en el estudio de Radio Mix, Diego Frisco y Víctor Hugo Quaranta dejaron que la complicidad de los años tomara el control del aire. Con trayectoria compartida, el diálogo fluyó con la naturalidad de quienes conocen el oficio desde los tiempos en que la tecnología se medía en válvulas y cintas magnéticas.
Fue Frisco quien abrió el arcón de los recuerdos al señalar los profundos lazos periodísticos que lo unen a Quaranta desde sus inicios. Evocó aquellas jornadas junto al pionero Gino Zamparini y la firma Publicidad Argentina, cuando los viernes cobraban vida con los festivales del club Villa Ell Prado, una querida institución local que hoy celebra su reactivación.
Al mirar a su alrededor, rodeados de cámaras y computadoras, la reflexión sobre la metamorfosis de los medios se volvió inevitable: de los antiguos equipos valvulares al fenómeno actual del streaming y la inminente irrupción de la inteligencia artificial.
Con una sonrisa compartida, recordaron el enorme esfuerzo que demandaba la producción de contenidos en el pasado. Lo que hoy una herramienta digital desgrana en segundos, antes requería escuchar pacientemente un casete, volcar las palabras en una máquina de escribir y apelar al papel carbónico si se necesitaba una copia exacta.
Al respecto, Quaranta se dirigió a los jóvenes que hoy dan sus primeros pasos en los medios, asegurándoles que se trata de una profesión fantástica que, lejos de asegurar fortunas materiales, regala una inigualable riqueza de espíritu y la posibilidad constante de conectar con la vida a través de la transparencia única que ofrece el aire radial.
La conversación también sirvió para reivindicar la vigencia del dial por encima de las pantallas modernas. Aunque el streaming de video y las plataformas como YouTube abren nuevas e interesantes ventanas de consumo a destiempo, Frisco y Quaranta coincidieron en que la radio tradicional posee una mística indestructible: es la compañía perfecta que no exige una mirada fija. El sonido de la radio late en los talleres mecánicos, acompaña el viaje de un remís, musicaliza el mostrador de un negocio o suena de fondo mientras un vecino corta el pasto en su jardín. Esa capacidad de estar presente en el día a día motivó el repaso por las grandes marcas de la radiofonía local, desde la pionera señal por circuito cerrado de la familia Zamparini —aquella que llevaba un elefante en su logotipo—, pasando por Estelar Music de Titi Cinalli —donde Quaranta debutó hace 41 años junto al operador «Bache» García—, la mítica RCB compartida con el «Gordo» Ale, hasta llegar al presente de Radio Mix, que tras 11 años al aire logró consolidarse en el oído y el afecto de los bermudenses.
Hacia el final de la charla, el pretexto de difundir el Super T Bingo a beneficio de la cooperadora de la Escuela N.º 325 abrió paso a una revelación histórica que tomó por sorpresa al propio Frisco, quien además de comunicador es profesor de Historia y Geografía. Quaranta, orgulloso integrante de la primera promoción de graduados de dicha institución en el emblemático año 1982, desarmó la geografía urbana actual para recordar que el edificio donde hoy asisten cientos de estudiantes albergó en sus orígenes al antiguo mercado municipal de Ramos Generales.
Aquellas viejas instalaciones comerciales, que alguna vez estuvieron repletas de puestos de carne y verduras, quedaron vacías con el tiempo y fueron cedidas a la escuela bajo la gestión del intendente Manzotti. De este modo, la institución pudo abandonar las aulas nocturnas que le prestaba la Escuela N.º 223 para mudarse a su casa propia.
El dato histórico cerró la jornada con broche de oro, demostrando que cuando dos apasionados del micrófono se encuentran, no solo se hace radio, sino que se rescata la identidad misma de toda una comunidad.
