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Claudio Canut visitó los estudios de Rueda a Rueda para compartir su vasta colección de maquetas y repasar su vínculo con el automovilismo nostálgico. Durante la emisión especial, el coleccionista exhibió piezas históricas y relató cómo su pasión comenzó en la infancia impulsada por la figura de Carlos Reutemann.

La mesa de un estudio de radio puede transformarse, de un momento a otro, en una grilla de largada histórica. Eso sucedió en el aire de Rueda a Rueda, donde el equipo periodístico se dispuso a compartir un almuerzo previo, charlas de entrecasa y una minuciosa selección de fotografías logradas en el hogar de Claudio Canut; una vivienda que dista mucho de ser común, al estar completamente decorada con miles de maquetas, revistas clásicas como El Gráfico o Corsa, y recuerdos que respiran automovilismo por donde se los mire.
El disparador de semejante obsesión por el detalle se remonta a la más tierna infancia de Canut. El coleccionista confesó que su fascinación por los autos miniatura comenzó de muy chico, atesorando piezas de las décadas del 50 y 60 que aún conserva como reliquias invaluables.
Sin embargo, el verdadero catalizador de su pasión tuvo nombre y apellido: Carlos Alberto «el Lole» Reutemann. Para Canut, haber vivido su infancia bajo el influjo del piloto santafesino selló su amor por una Fórmula 1 romántica, aquella de los años 70 y principios de los 80, donde las líneas de los monoplazas guardaban una estética artesanal que, a su criterio, supera con creces a los diseños sobredimensionados de la actualidad.
El diálogo derivó rápidamente en un viaje hacia la década del 60, una era de transición en la que pilotos como Jim Clark o Jackie Stewart desafiaban circuitos como Monza o la mítica Peraltada sin alerones ni aditamentos aerodinámicos sofisticados. Canut y la mesa coincidieron en que el material de aquella época escasea en el país, convirtiendo a las maquetas y los archivos gráficos en verdaderos tesoros arqueológicos para los amantes de los fierros de la región.
Mientras en las pistas reales del fin de semana se dirimían los campeonatos del Mouras en Rosario, las camionetas en Balcarce o el trago amargo del abandono de Franco Colapinto en la Fórmula 1, el estudio de radio se concentró en desmenuzar las joyas que reposaban sobre la mesa de transmisión.
La precisión técnica tomó el control del aire cuando se analizaron las diferentes escalas. Canut exhibió un imponente modelo del McLaren de Oscar Piastri en escala 1:24, la preferida por los coleccionistas modernos debido a su equilibrio perfecto entre tamaño y nivel de detalle. El foco de atención se trasladó luego a una hilera en escala 1:43 que despertó la fascinación de los especialistas del programa. Con ojo clínico, el equipo fue identificando de izquierda a derecha una Renault con patrocinio de Momo, una Ferrari 348 y un Porsche 962 del equipo Brun —los tres vinculados a la campaña europea del argentino Oscar «Poppy» Larrauri—.
A ellos se sumaron un icónico Porsche 917K, célebre por ganar las 24 Horas de Le Mans en 1971 y protagonizar la mítica película de Steve McQueen, y una versión de competición del Jaguar XJ220.
El recorrido continuó con piezas de un valor histórico y emocional incalculable, como un majestuoso Lotus en escala 1:12. Con profunda emoción, Canut reveló que ese imponente modelo a gran escala representaba nada menos que al monoplaza con el que el legendario Ayrton Senna conquistó su primera victoria en la Fórmula 1, acompañado a su vez por una réplica exacta de su casco en la misma escala. También relató la historia de un pequeño modelo en escala 1:43 que recrea la máquina con la que José Froilán González, «La Tromba de Arrecifes», le dio a Ferrari su primera victoria en el Campeonato del Mundo en Silverstone 1954, una reliquia que un amigo le trajo como obsequio directamente desde Italia.
Ante la curiosidad de la mesa, Canut se encargó de definir la verdadera esencia de su actividad, explicando que el auténtico maquetista es, fundamentalmente, el que arma. Es aquel que recibe los fascículos y las piezas dispersas para consagrar horas de paciencia en el ensamble de estructuras complejas, un arte que en su casa de San Lorenzo no se limita a los autos, sino que se extiende a imponentes réplicas del Titanic, la icónica Fragata Libertad o el avión trimotor Ford, modelo en el que perdió la vida Carlos Gardel en el accidente de Medellín.
El bloque final estuvo dominado por los vehículos que marcaron la infancia y la cultura pop de toda una generación. Desde un Ford Falcon de Turismo Carretera en escala 1:43 de la marca nacional Minibubi, que Canut conserva desde sus siete años de edad y que remite al icónico auto verde de Johnny De Benedictis, hasta el célebre Mach 5 de Meteoro armado sobre la base de un Chevrolet Corvette a escala 1:18. La fantasía de la pantalla chica se completó con el Batimóvil de 1966 pilotado por Adam West, un vehículo que originalmente era un prototipo Ford Futura modificado para la televisión tras haber sido descartado para su venta al público general.
Luego de repasar la historia de los clásicos Ford T como los primeros autos de producción en serie y los cascos a escala de Fangio y Reutemann, la atención se centró en la joya más imponente expuesta en el estudio: la «Flecha de Plata» de Juan Manuel Fangio. Este colosal modelo en escala 1:8 alcanza los 60 centímetros de largo y forma parte de una exigente línea editorial para armar que requiere entre 100 y 140 fascículos. Canut confesó la enorme complejidad que representó armar las cuatro llantas de la Flecha de Plata, una tarea minuciosa de encastre «rayo por rayo» que logró coronar con éxito gracias a la paciencia y colaboración de su primo, un apasionado del modelismo.
Antes de que el reloj marcara el final del programa, el conductor expresó su profundo agradecimiento a Claudio por haberse trasladado un sábado desde San Lorenzo hasta los estudios en Capitán Bermúdez, cargando consigo semejante patrimonio itinerante.
