Román: El apasionado del deporte motor que encontró la victoria

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De los recuerdos  del TC a la altura del cementerio de nuestra ciudad a lo más alto del podio en el karting. Crónica de un fin de semana donde la perseverancia le ganó incluso a una caja de cambios rota.

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Román Romero no se define como un deportista. Para él, esa palabra se queda corta. «Soy un apasionado de lo que hago», suelta con la naturalidad de quien lleva el olor a nafta en la sangre desde que tiene memoria. Ese sentimiento, que nació de chiquito acompañando al tío Luis Pignalitti,  en «la limitada», finalmente tuvo su recompensa mayor el último fin de semana: su primera victoria en el karting.

El camino al podio no fue una recta velocidad. Fue un circuito con muchas curvas: el TC San Lorenzo, el paso por el motociclismo y aquellos Fiat y Gordini de la promocional. Sin embargo, el destino final estaba en el karting, y llegó de la mano de una casualidad. Un día, el «Piti» Vottero le pidió que le moviera un karting. Román agarró el volante, lo puso en marcha y sintió esa «sensación especial». Al día siguiente, en una pinturería, Andresito Frare le ofreció uno. Esa misma tarde lo fue a buscar. Allí empezó «la locura».Un fin de semana de fe y mecánicaLa victoria no cayó del cielo; fue trabajada centímetro a centímetro. El sábado, en la primera fecha de la jornada doble, la suerte le fue esquiva: una clasificación que lo dejó tercero, un problema en el «banqueo» que lo mandó al fondo y una remontada hasta el sexto puesto que supo a poco, pero que sirvió para sumar puntos.

El domingo, la historia fue distinta. Román marcó la pole position por una diferencia mínima y dominó una serie tranquila. Pero en la final, el automovilismo le puso una última prueba. A falta de dos vueltas, la cuarta marcha del motor —preparado por el «Turco», otro apasionado del grupo de Bermúdez— dijo basta.»Terminamos con lo justo. Encontramos casi todos los dientes de la cuarta sueltos adentro del motor», relata Román. A pesar del «sustito», la ventaja que había construido y su manejo prolijo le permitieron cruzar la meta, pasar la técnica «diez puntos» y desatar el festejo con su familia y su grupo de amigos kartineros.

El ADN de un preparador

Cuando Román no está arriba del karting, está debajo de uno. Su pasión es tal que hoy también vuelca su experiencia en los chasis de otros pilotos, como el de Bauti Caballero. Tras un servicio completo y una puesta a punto «a ojo de experto», logró que el joven piloto bajara sus tiempos y ganara confianza.

Hoy, Román disfruta del éxito rodeado de su gente, en ese box improvisado donde los «bermudenses» se ayudan entre todos. Ganó su primera carrera, sí, pero lo que realmente ganó es el respeto de un ambiente que sabe que, antes que un piloto, hay un hombre que ama los fierros con la misma intensidad que aquel nene que miraba las carreras desde el alambrado.